Ensayo teórico sobre el fin del modelo económico y social actual
1. Introducción
Tal vez estemos asistiendo al fin del modelo económico y social actual. Desde que el ser humano adquirió conciencia de su propia existencia, el trabajo se ha presentado como un elemento central de su vida, necesario para la subsistencia material, la seguridad y, en cierta medida, el placer. El dominio de la fuerza laboral y la acumulación de riquezas han estructurado las relaciones humanas, estableciendo jerarquías de poder y orientando la noción de progreso. Desde los primates hasta la contemporaneidad, han ocurrido profundas transformaciones socioeconómicas, sin que, sin embargo, estas bases fundamentales se hayan alterado sustancialmente.
A partir de la modernidad industrial, el avance tecnológico ha sido simultáneamente celebrado como promesa de emancipación y temido como amenaza para la estabilidad social. Máquinas, sistemas automatizados y, más recientemente, algoritmos inteligentes, han reconfigurado profundamente las formas de producción, la organización del trabajo y la experiencia humana del tiempo, la necesidad y el valor. La asociación recurrente entre tecnología y desempleo atraviesa los siglos, reapareciendo con cada gran transformación productiva.

2. ¿Hacia el fin del modelo económico y social actual?
Sin embargo, un análisis histórico cuidadoso revela que estos temores, aunque comprensibles, no se han confirmado de manera estructural y permanente. El progreso técnico, a pesar de provocar desplazamientos ocupacionales y tensiones sociales, no ha eliminado la centralidad del trabajo humano como medio de provisión material. A partir de esta constatación, el presente ensayo propone una reflexión filosófica más amplia. Se trataría de contemplar la posibilidad de que el desarrollo contemporáneo de la inteligencia artificial y la robótica inaugure una condición históricamente inédita, no solo en el plano económico, sino también en los planos moral y espiritual.
Es decir, nos encontramos ante una posibilidad teóricamente plausible y sostenible, desde un punto de vista racional, de que el dinero pierda su utilidad como eje económico y social, prácticamente desapareciendo en un futuro que quizás esté más próximo de lo que imaginamos. Esta hipótesis se examina a la luz de la filosofía espírita codificada por Allan Kardec y de las enseñanzas éticas de Jesús, comprendidas aquí como referentes capaces de orientar la construcción de una sociedad posmaterial, en la que el valor del ser humano ya no se funde en la producción o la posesión, sino en la contribución moral, relacional y espiritual al progreso colectivo.
3. Tecnología y trabajo: continuidad histórica y límites interpretativos
A lo largo de los últimos doscientos años, el aumento de la productividad provocado por la tecnología ha generado intensos desplazamientos ocupacionales. La mecanización industrial redujo drásticamente la necesidad de trabajo manual. Por su parte, la electrificación y la producción en masa reorganizaron los procesos productivos. Asimismo, la informatización y la automatización reemplazaron tareas administrativas y cognitivas rutinarias. En todos estos momentos se produjo desempleo sectorial, inseguridad social y resistencia cultural.

No obstante, el trabajo humano jamás dejó de ser necesario para la reproducción material de la sociedad. Surgieron nuevas formas de empleo, se expandieron nuevos sectores económicos y el crecimiento poblacional global fue acompañado por una expansión correspondiente de la actividad económica. Históricamente, la tecnología no ha abolido el trabajo, sino que lo ha transformado, redefiniendo sus funciones, habilidades requeridas y significados sociales.
Esta recurrencia histórica, sin embargo, puede convertirse en un límite interpretativo cuando se aplica mecánicamente al presente. El riesgo radica en suponer que el futuro repetirá, por inercia, patrones pasados, ignorando la posibilidad de rupturas cualitativas capaces de alterar fundamentalmente la organización social.
4. La hipótesis de la ruptura: automatización total y superación de la escasez
El avance contemporáneo de la inteligencia artificial, en particular cuando se articula con la robótica avanzada, permite formular una hipótesis inédita: que la producción y la provisión de las necesidades materiales humanas pueda, en algún momento, prescindir casi por completo del trabajo humano. A diferencia de las revoluciones anteriores, no se trataría únicamente de la sustitución de ocupaciones específicas, sino de la eliminación de la propia función económica del trabajo para satisfacer necesidades materiales.
Si la supervivencia material deja de depender del empleo, se rompe el vínculo histórico entre trabajo, ingresos y acceso a la vida. En este escenario, el dinero —como instrumento de mediación de la escasez— tiende a perder su centralidad simbólica y práctica. La economía deja de ser el eje organizador de la existencia social, abriendo espacio para una reorganización más profunda de los valores humanos.

Esta hipótesis no afirma que este escenario sea inevitable, sino que, si se concreta, no podrá ser comprendido mediante los mismos paradigmas que han orientado el análisis de revoluciones tecnológicas pasadas. Toda una estructura social necesitaría ser revisada y reconstruida. Lo que actualmente sostiene las estructuras de poder, placer y estatus perdería relevancia. Ninguno de los modelos económicos actualmente conocidos, como el capitalismo o el comunismo, serviría para ajustar esta nueva estructura social, pues todos consideran esencial la necesidad del trabajo humano, que dejaría de existir, si no completamente, en su casi totalidad.
5. Desmaterialización y progreso moral en la filosofía espírita
La filosofía espírita, codificada por Allan Kardec en el siglo XIX, introduce una concepción de progreso que trasciende el desarrollo técnico e intelectual. Para el Espiritismo, la humanidad avanza mediante un proceso gradual de perfeccionamiento moral, en el cual la excesiva valoración de la materia cede lugar a la primacía del espíritu.
Según la filosofía espírita, la Tierra es un mundo entre infinitos en el universo, que progresa conforme al progreso moral de sus habitantes. Este progreso ocurre gradualmente en intelectualidad y, sobre todo, en moralidad. Cuanto más progresa moralmente el ser humano, más se distancia de la influencia de las necesidades materiales, necesidades que son imperiosas para ejercitar el progreso humano, pero que disminuyen gradualmente conforme pierden su utilidad.

La llamada desmaterialización no implica la negación de la vida material, sino su relativización. A medida que las necesidades básicas se satisfacen con menor esfuerzo, crece la responsabilidad moral del ser humano sobre el uso del tiempo, la libertad y las capacidades intelectuales. Desde esta perspectiva, una sociedad en la que el trabajo deja de ser obligatorio puede interpretarse como una condición propicia —aunque no garantizada— para el progreso moral colectivo.
Sin la imposición constante de la supervivencia material, el desafío central de la humanidad se desplaza de la producción a la convivencia, de la acumulación al cuidado, del poder material a la madurez ética. En un mundo donde la preocupación por la subsistencia material se vuelve irrelevante desde el punto de vista del trabajo humano, las relaciones humanas adquirirían un protagonismo y una prioridad estructurales jamás imaginados.
6. Las enseñanzas de Jesús y la redefinición del poder
En un contexto en el que la riqueza material pierde su función estructurante, las enseñanzas morales de Jesús adquieren una relevancia singular. La ética cristiana, centrada en el amor al prójimo, la humildad y el servicio, propone una inversión radical de las jerarquías tradicionales de poder.
El mayor entre vosotros sea el que sirve
Esta enseñanza moral deja de ser solo un ideal espiritual y se convierte en un principio organizador concreto de la vida social.

En esta sociedad posmaterial, el prestigio y la autoridad no derivarían de la posesión de recursos o del control económico, sino de la capacidad de contribuir al bien común, promover relaciones más justas y favorecer el crecimiento moral colectivo. El poder se convierte así en relacional y ético, no coercitivo ni acumulativo.
Esta concepción dialoga profundamente con la visión espírita de que el verdadero progreso se mide por el grado de elevación moral de los individuos y de las sociedades, y no por el avance tecnológico aislado.
7. Consideraciones finales
Este ensayo sostuvo que la historia del progreso tecnológico, aunque marcada por el desempleo y la tensión social, no ha producido hasta hoy una ruptura estructural con el trabajo humano. No obstante, el desarrollo contemporáneo de la inteligencia artificial y la robótica permite concebir, por primera vez, la posibilidad de una sociedad en la que la supervivencia material no dependa del trabajo humano.
A la luz de la filosofía espírita y de las enseñanzas de Jesús, tal escenario puede interpretarse como una etapa potencial de la maduración moral de la humanidad. La superación de la centralidad de la materia no elimina los conflictos humanos, sino que redefine su eje, desplazándolo de la escasez económica a la responsabilidad ética, la convivencia y el sentido de la existencia.

El verdadero desafío de una sociedad postrabajo no sería técnico, sino moral. Se trataría de aprender a usar la libertad, no para el estancamiento o el egoísmo, sino para el perfeccionamiento del individuo y de la colectividad.
Bibliografía
- ARENDT, Hannah. La condición humana. Río de Janeiro: Forense Universitaria, 2007.
- BIBLIA. Evangelio según Mateo.
- KARDEC, Allan. El Libro de los Espíritus.
- KARDEC, Allan. La Génesis.
- KEYNES, John Maynard. Posibilidades económicas para nuestros nietos. En: Ensayos de persuasión. São Paulo: Abril Cultural, 1982.
- MARX, Karl. El capital: crítica de la economía política. São Paulo: Boitempo, 2013.
- RIFKIN, Jeremy. El fin del trabajo. São Paulo: Makron Books, 1995.
- WEBER, Max. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. São Paulo: Companhia das Letras, 2004.
© Copyright Rodrigo Melli Ortega





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